Crítica de DANZA FLAMENCA
SEVILLA: Compañía de María Pagés.
Gran Teatre del Liceu, 02, 03 y 04/08/2008.
Por fin ha llegado a nuestra ciudad el mejor espectáculo de danza flamenca de los últimos años. Tras recibir los aplausos de medio mundo, Sevilla ha hecho vibrar al público de nuestro Liceu.
María Pagés es una bailaora brillantísima: su gestualidad corporal es única; su braceo
es magnífico; sus taconeos son perfectos y su sentido del tempo y de su espacio escénico inigualables. Pero todo ello no tiene parangón con su alma de artista, su sensibilidad y su expresividad. María, además, ha demostrado que sabe lo que debe ofrecer al público al darle su capacidad y buen gusto coreográfico, y su atrevimiento equilibrado entre modernidad, genialidad y tradición.
SEVILLA: Compañía de María Pagés.
Gran Teatre del Liceu, 02, 03 y 04/08/2008.
Por fin ha llegado a nuestra ciudad el mejor espectáculo de danza flamenca de los últimos años. Tras recibir los aplausos de medio mundo, Sevilla ha hecho vibrar al público de nuestro Liceu.
María Pagés es una bailaora brillantísima: su gestualidad corporal es única; su braceo
es magnífico; sus taconeos son perfectos y su sentido del tempo y de su espacio escénico inigualables. Pero todo ello no tiene parangón con su alma de artista, su sensibilidad y su expresividad. María, además, ha demostrado que sabe lo que debe ofrecer al público al darle su capacidad y buen gusto coreográfico, y su atrevimiento equilibrado entre modernidad, genialidad y tradición.
La obra Sevilla empieza con giros continuados de nuestra protagonista bajo la luna sevillana bailando el Vals de Shostakovich y termina con los mismos giros, bajo un cielo estrellado, bailando el tema Volare de Modugno y entre esas dos escenas se desarrolla todo un abanico de referencias sevillanas, vivencias que María ha sabido plasmar cuando, según sus propias palabras, "eligió volver a su Sevilla con el sueño".
Y ese sueño del regreso a esa ciudad de contrastes propicia cosas tan bellas y meritorias como: La Habanera de Carmen; La Saeta, de Machado y Serrat, viva escenificación del misticismo sevillano; las sevillanas corraleras y un extraordinario baile por caracoles; esas Banderillas de tinieblas en la Maestranza, donde María Pagés se desdobla en los dos protagonistas del rito taurino; la soleá en Lunares; los tientos tangos en Triana y la extraordinaria finura coreográfica del Volver, en la Academia. Y después de esto, ovaciones y aplausos de larga duración. Triunfo completo que María Pagés compartió con sus magníficos colaboradores bailaores, bailaoras y músicos en un espectáculo que podríamos calificar de auténtica poesía gestual.
Ramón Rodó Sellés
Crítica de DANZA FLAMENCA
Y ese sueño del regreso a esa ciudad de contrastes propicia cosas tan bellas y meritorias como: La Habanera de Carmen; La Saeta, de Machado y Serrat, viva escenificación del misticismo sevillano; las sevillanas corraleras y un extraordinario baile por caracoles; esas Banderillas de tinieblas en la Maestranza, donde María Pagés se desdobla en los dos protagonistas del rito taurino; la soleá en Lunares; los tientos tangos en Triana y la extraordinaria finura coreográfica del Volver, en la Academia. Y después de esto, ovaciones y aplausos de larga duración. Triunfo completo que María Pagés compartió con sus magníficos colaboradores bailaores, bailaoras y músicos en un espectáculo que podríamos calificar de auténtica poesía gestual.
Ramón Rodó Sellés
Crítica de DANZA FLAMENCA
