UNA ARTISTA DE ROMPE Y RASGA EN EL LICEU
María Pagés sabe lo que quiere y cómo lograrlo. Después de Flamenco Republic en el Teatre Novedades, quería un escenario grande para algo grande. No podía ser otro que el irremplazable Liceu el escenario para presentar Sevilla, un espectáculo de gran nivel
María Pagés es una gran artista. Pero su grandiosidad no se reduce a su talla física, sino que abarca una capacidad extraordinaria de saber conjugar el flamenco más ancestral con expresiones contemporáneas. De esta mezcla sale Sevilla, un montaje tan austero como brillante, tan profundo como ameno, tan espontáneo como equilibrado. María Pagés, además de ser una notable bailaora y coreógrafa, es también una excelente empresaria porque saber posicionar el flamenco dentro de las corrientes culturales de hoy, sin que para ello tenga que rendirse a un arte fácil y exhibicionista.
Cada elemento de Sevilla, cuya idea y guión comparte Pagés con José María Sánchez, merecería más de la mitad de esta crónica. Desde la exquisita creación que ha hecho Ouka Leele del cartel, hasta el extraordinario diseño de luces, escenografía y vestuario. Una filigrana visual que nos hace disfrutar de este sueño creativo al que nos invita la artista.
Sevilla lo integran 11 fragmentos relacionados con el mapa emocional de Pagés. Hay referencias a la luz de las calles, al ambiente de la academia de baile, a la Maestranza, a Triana, a abanicos, mantones y zapatos rojos con lunares blancos. Un despliegue de texturas y sensaciones que hipnotizan y para los cuales la artista ha mezclado músicas tan dispares como palos del flamenco con un vals de Shostakovich, un tango de Gardel, o una canción de Modugno; así como letras populares con palabras de Saramago, García Lorca o Machado.
Alegres y vistosas escenas corales proporcionan un magnífico contrapeso a los excelentes solos de Pagés. Una cascada de movimientos de entre los que destaca el vaivén ondulante de su torso y el de su armonioso braceo.
MONTSE G. OTZET
BARCELONA. EL PERIODICO.COM
