Anubis Galardy. La Habana, 30 oct (PL)
La Habana, 30 oct (PL) Entró como una sombra en la penumbra del escenario habanero y la luz dibujó primero sus brazos en alto y luego en una línea espléndida, quebrada a veces, su silueta de bailaora flamenca.
María Pagés tuvo la audacia de iniciar la víspera -en el teatro Mella- su espectáculo Flamenco y poesía bailando solo con el respaldo de la voz grave y cadenciosa del escritor portugués José Saramago, en un texto grabado, Ergo una rosa.
"Ergo una rosa e tudo se ilumina" (Y es una rosa y todo se ilumina... es una rosa, un cuerpo y su destino). La palabra y el baile unidos en una misma corriente de poesía. El flamenco suelto en la sangre ardiente de la bailaora.
Sevilla en La Habana, el arte borrando las distancias. La Sevilla de la que se fue María Pagés hace 15 años y a la que vuelve siempre, en cada instante de su baile, no importa el lugar del mundo donde se encuentre.
Fue un espectáculo mágico, trabajado con la pasión y la sabiduría de una orfebre, María Pagés desdoblada en la dirección y la coreografía. Las nanas de las cebollas, de Miguel Hernández, reveladas en su hondura y desgarramiento, desde una dimensión distinta.
Textos de Lorca, de la sin par Chabuca Granda, de Atahualpa Yupanqui y de esa poesía popular que nace libre perpetuando su vida en las calles y en la memoria colectiva.
Quería bailar las palabras, sólo las palabras, con su ritmo y cadencia, con la melodía de su sonido. Intentaba traducir e igualar en expresión lo que cada una de ellas me inspiraba, afirma la artista, que enaltece con su presencia el XXI Festival de Ballet de La Habana.
"No importa de qué origen y a qué cultura pertenecen, el baile será el intérprete que traduce y expresa la palabra". Ahí su credo fijado al principio del programa. Ella y su línea ondulante, sus brazos de una elocuencia infinita, fuego y vuelo.
María Pagés no vino sola, trajo a una parte de su compañía: dos bailaores excepcionales, Emilio Herrera y José Barrios, una cantaora de voz prodigiosa, Ana Ramón, y un guitarrista, José Antonio Carrillo, que la secunda y establece entre ambos un vínculo creativo.
En todo momento se percibe una comunión perfecta cuando están juntos en el escenario, cada uno con su individualidad, en un duelo artístico de noble riqueza, exento de rivalidades, cada uno entregado al goce del baile.
María Pagés cree en el flamenco como una cantera inagotable y lo confronta con otras artes, toma de ellas sin temor, le abre nuevos senderos. "Las raíces, los recuerdos, las esencias, nos dan el equilibrio necesario", dice.
Hay port de bras que nacen redondeados y se abren en círculos perfectos, que recuerdan al ballet clásico.
También lo evocan el trabajo de brazos y de los pies, su pespunteo expresivo. No hay que olvidar que la danza clásica tiene raíces hundidas en el acervo folclórico. Hay un diálogo de préstamos e influencias inevitables.
El público vibró, aplaudió a raudales, los bravos y oles menudearon en el atardecer habanero. Al final fue el juego de percusiones, con María Pagés y sus castañuelas elevándose en un rumor creciente, como un infinito desafío en su sonoridad deslumbrante, casi de orquesta.
Barrios y Herrera, con sus bastones respondiendo al reclamo percutivo, retando también, divirtiéndose, admirándose mutuamente. Luego fueron los Tientos al atardecer y la explosión de los aplausos.
En un alarde superior, inspirado por la gratitud, Pagés trocó en baile el ritmo de los aplausos. El flamenco estalló e nuevo en pleno frenesí inundando el ámbito del teatro.
No en balde Saramago le dedicó a esta artista excepcional un elogio que tiene todo el halago y el fuego de la poesía: "...Ella baila y, bailando, mueve todo lo que le rodea. Ni el aire ni la tierra son igualdes después que María Pagés haya bailado".

Cuanto arte tienes Pagés!!!!
Muy bienvenida a Beijing,soy una estudiante que estudia espanol, quisiera mucho ir a su espectaculo~pero este ano no me da tiempo ~que pena~cuando podrias volver a Beijing?