Francisco Sánchez Múgica | Actualizado 05.03.2009 DIARIO DE CADIZ
Tras un fundido María se alza al cielo como una rosa, como un ave rapaz de extremidades eternas que vuela con la mirada perdida, buscando saber quién es y hacia dónde va. María hurga en sus luces y en sus sombras. Poliédrica, remueve sus entrañas y convierte su Autorretrato, con el que fascinó anoche al público congregado en Villamarta, en un prodigio artístico de deslumbrante genialidad y, por momentos, de insoportable convulsión. Porque la sutileza de su último espectáculo duele y desgarra, emociona y turba. Juega con el espacio vacío de Brook pero subrayando en su caso lo sagrado de la danza (en sus más variadas formas y acepciones) y el flamenco.