ABC.ES (J. BRAVO)
Se quedó María Pagés con la espinita clavada de no haber podido presentar su «Autorretrato» en Madrid más que durante unos días, antes de que una lesión le impidiera seguir sus actuaciones en el Español. La coreógrafa y bailaora sevillana ha podido ahora sacarse esa espina en el Matadero, donde este «Autorretrato» intenso y hermoso respira de manera diferente -no mejor ni peor- a como lo hacía en el Español.
En María Pagés no es la cara, sino el baile, el reflejo de su alma. Y «Autorretrato», un trabajo que nació por iniciativa de Mikhail Baryshnikov, nos muestra el alma de una mujer curiosa, atrevida, inquieta, valiente; el alma de una mujer elegante, noble, gallarda; el alma de una mujer que guarda un siempre difícil equilibrio entre la defensa de la raíz y el inevitable abrazo con otras culturas y otros tiempos. María Pagés dibuja sus coreografías con un pincel muy fino, las cose con mimo y no pierde pie en ese empeño suyo por ser una mujer de su tiempo. Las Nanas de la cebolla, la soleá, su baile sobre la voz y la palabra de José Saramago, su divertida parodia de las giras... convierten este «Autorretrato» en un lienzo muy valioso.
Se quedó María Pagés con la espinita clavada de no haber podido presentar su «Autorretrato» en Madrid más que durante unos días, antes de que una lesión le impidiera seguir sus actuaciones en el Español. La coreógrafa y bailaora sevillana ha podido ahora sacarse esa espina en el Matadero, donde este «Autorretrato» intenso y hermoso respira de manera diferente -no mejor ni peor- a como lo hacía en el Español.
En María Pagés no es la cara, sino el baile, el reflejo de su alma. Y «Autorretrato», un trabajo que nació por iniciativa de Mikhail Baryshnikov, nos muestra el alma de una mujer curiosa, atrevida, inquieta, valiente; el alma de una mujer elegante, noble, gallarda; el alma de una mujer que guarda un siempre difícil equilibrio entre la defensa de la raíz y el inevitable abrazo con otras culturas y otros tiempos. María Pagés dibuja sus coreografías con un pincel muy fino, las cose con mimo y no pierde pie en ese empeño suyo por ser una mujer de su tiempo. Las Nanas de la cebolla, la soleá, su baile sobre la voz y la palabra de José Saramago, su divertida parodia de las giras... convierten este «Autorretrato» en un lienzo muy valioso.

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