MARTA CARRASCO /ABC DE SEVILLA/ 03/07/2010
Hay vida ahí fuera, además de fútbol. Al menos eso es lo que pensamos las personas que casi llenamos la pasada noche del martes el teatro de la Maestranza para festejar junto a María Pagés el 20 aniversario de su compañía. Y para hacerlo fue la sevillana quien nos regaló a nosotros un presente de excepción: «Mirada».
María Pagés es de las bailaoras con personalidad propia, es decir, de las que sólo con ver su sombra, se sabe quien es. Algo así pensó Storaro, el director de fotografía de la película «Flamenco» de Saura cuando eligió retratar su silueta. La Pagés ha hecho con «Mirada» un ejercicio de la plástica del flamenco, forjando nuevos cánones. Con una eficaz compañía y una mejor música, Rubén Lebaniegos se lució en sus composiciones, María Pagés se paseó por el baile en el mejor estilo sevillano de la elegancia, el escorzo y la composición majestuosa del cuerpo y los brazos sobre todo lo demás.
Con una poesía, la bailaora sola en el centro de la escena, comienza el montaje que se va desarrollando en palos flamencos, con algunos efectos geniales como ese mantón que de virtual se convierte en real en manos de la bailaora, o guiños humorísticos, como un «autobús imaginario» en el que se mueven todos los bailaores por tangos. Genial.
Pero si hay que destacar algún momento emocionante sin duda la Seguiriya del olivo, donde homenajeando la leyenda mitológica de este árbol tan andaluz, la Pagés recrea con intensa elegancia y emoción, sin moverse del sitio, la prestancia del olivo hasta desentrañar su baile por seguiriyas con palillos. Un baile de estremecerse. No faltaron detalles el baile con «Casta Diva» o Lorca por fandagos y un paseo por bulerías, así como un añorante número, a la manera de programa de radio con la voz de Juan Diego, que recordaba otras creaciones, sobre todo, números de una de sus mejores obras, «El perro andaluz. Burlerías». Fue una noche mágica. Fuera, en la tierra, ganaba España. Dentro, en el arte, María Pagés. Ole
