06/07/2010 | Le Figaro | por Ariane Bavelier
La bailaora presenta, en Fourvière, «Autorretrato », con su Compañia, y «Dunas », un dúo con Larbi Cherkaoui.
Otros giran o taconean. En su caso, son los brazos. Baila gracias a ellos. «Me permiten agarrarme, alejarme, replegarme contra mi corazón, volver de nuevo a mi cabeza. Ellos traducen mi modo mas primitivo de expresarme», dice ella misma. Y así es, efectivamente, dominan todo su baile y parecen tener un poder de hechizo inagotable, no solamente entre el público, sino también entre otros artistas.
Todo se explica a través de las manos en el baile de María Pagés. Aquí, en «Autorretrato.
Su compatriota Plácido Domingo les invitó a acompañar su voz. Mikahïl Barychnikov les encargó este Autorretrato, creado en su centro de arte en Nueva York. Antonio Gades les distinguió entre una multitud de desconocicos «braceos» y les propuso a su propietaria el unirse a su compañía. El poeta José Saramago les escribió un poema que María interpreta en su Autorretrato, llevando su «braceo » a la cima de la poesía. Respecto a Sidi Larbi Cherkaoui, consagrado coreógrafo contemporáneo, vino deliberamente tras ella hasta Madrid para tomar clases de brazos. Él quería conocer y entender: esos vuelos, espirales, arrebatos, estallidos, abismos que llegan a las entrañas. María Pagés y Larbi Cherkaoui se encontraron por primera vez en unas Navidades, en Mónaco, en el año 2004: él, jovencísimo, acababa de ganar el Premio Nijinsky de coreografía, ella actuaba por aquel entonces en Le Rocher. Los dos se compenetraron a la perfección. Ella le dijo a él que todo en su baile se expresaba a través de su manos. Prometieron volver a verse. Cinco años después, Dunas surgió de esta larga complicidad, transcurrida dialogando y viajando, persiguiendose el uno al otro, compaginando los programas repletos de giras para reencontrarse en el Tibet, en México, en el desierto marroquí acabando finalmente juntos. Así nació este diálogo en la cumbre entre uno de los más importantes bailarines contemporáneos y una gran maestra del flamenco.
«Un estado orgánico»
«Para mí, el baile siginifica transformar las energías», dice Larbi Cherkaoui, capaz de captar tan bien las del flamenco como las de los monjes shaolin o las de la delicada Shantala Shivalingappa, bailarina hindú con la que creo un dúo. A esta definición bastante budista del baile, Maria Pagés responde con argumentos de mística española, como inspirados por San Juan de la Cruz. «Al bailar, me siento unida a algo, un enigma que me conecta con la verdadera naturaleza de las cosas. Tengo la impresión de alcanzar un estado completamente orgánico que me permite dirigirme a la luna, al sol, a los árboles. Esto no lo hubiera podido decir hace diez años, me ha llegado con la madurez. De niña, tenía la necesidad de bailar para expresarme y eso me hacía feliz, aunque se tratara de interpretar un drama que me embargaba » Con sus brazos, María nos cuenta todo ésto y un sinfín de cosas más en su Autorretrato. En este ejercicio, nos expone sin relmilgos, con un rigor académico, los trabajos y los días en la compañía que ha fundado y que dirige sola, a pulso. Pagés de soledad, repetición, creación, inspiración, trajín de vestuario. Todo está dicho en un relato de una soledad atronadora, pero surcada de zonas de sombra y de un baile tan íntimo y radiante que te transporta.
